Un paseo mágico por Madrid

¿Sabían que hay un supuesto fantasma que se aparece en una iglesia madrileña, que San Isidro era un gigante para su tiempo, que existe un cuerpo incorrupto que huele a manzana y que la plaza de Colón tiene “gafe”? Son historias y leyendas de la capital de España. Este mes les invitamos a conocer algunas de ellas.

Aunque a simple vista no lo parezca, la capital de España es una de las ciudades más enigmáticas de Europa. Un simple paseo por ella, si sabemos adonde debemos dirigirnos, puede convertirse en una experiencia cargada de simbolismo, magia y leyenda. Esta ciudad tiene todo eso y mucho más, aunque las prisas y el bullicio a veces nos impidan apreciarlo.

Este mes nos hemos propuesto hacer un recorrido por los puntos más emblemáticos de la urbe, algunos muy conocidos por los turistas. Pero nosotros lo haremos siguiendo las pistas que han dejado sus misterios. He aquí nuestra propuesta. ¿Nos acompaña?

1. Dolmen de Dalí (Metro Goya)

Iniciamos nuestro paseo por el Madrid mágico en el Dolmen de Dalí, ubicado en la plaza de Felipe II, y no por casualidad, ya que es uno de los enclaves más simbólicos de la capital. Este gigantesco dolmen, situado en uno de los barrios más exclusivos de la Villa, fue diseñado en 1986 por Salvador Dalí.

Los dólmenes (mesas de piedra) han estado presentes en nuestra geografía desde la Antigüedad. Son construcciones enigmáticas cuyo origen ha generado interesantes y controvertidas hipótesis. ¿Fueron edificaciones funerarias o templos mágico-religiosos?, se preguntan todavía los historiadores. Quién sabe.

Una cosa es segura, el Dolmen de Dalí está concebido para ser contemplado desde arriba y, aunque desde el suelo no se aprecie, en realidad se trata de un conjunto arquitectónico y no de una sola pieza. A pocos metros de él se encuentra una escultura que representa, según explicó el propio artista, a Newton con su famosa manzana, que en la escultura adopta forma de péndulo y simboliza la búsqueda de la perfección. Pero, además, del centro del dolmen nacían unos rayos, similares a los del Sol, que finalizaban en círculos concéntricos y que ocupaban buena parte de la plaza. Y decimos que “nacían” porque alguien consideró que no eran parte del conjunto y los suprimió. La pena es que dichos elementos toman su fuerza simbólica justo desde arriba. Así lo explica Juan Manuel Aguilera, uno de los mayores expertos en este conjunto arquitectónico: “El caos primordial, etéreo, representado por la piedra superior del dolmen, baja por los pilares de la manifestación hasta la realidad sustancial del suelo. Desde ahí se expande por el Universo físico, en un big bang cósmico (los rayos y los círculos)”.

2. Las campanas “vivas” de San Pedro el Viejo (Metro La Latina)

Esta singular iglesia se encuentra en la calle del Nuncio, 14. A pesar de las interminables reformas que ha sufrido, es una de las más antiguas de la capital, pues ya aparece citada en el Fuero de Madrid de 1202.

Nos detenemos en este edificio a causa de sus campanas. Sobre ellas corre una leyenda que data del siglo XIV. Según ésta, se encargó la construcción de unas campanas que a la postre resultaron ser demasiado anchas, tanto que cuando intentaron subirlas por las escaleras para colocarlas en el campanario no hallaron la manera. Al caer la noche las abandonaron en medio de la calle y se marcharon a descansar, pero, cuando a la mañana siguiente regresaron, las campanas estaban en el campanario. ¿Quién las colocó allí?

Para colmo de misterios, de ellas se cuenta que tenían vida propia y que tocaban solas cuando se avecinaba algún acontecimiento luctuoso para la Villa. Afirman que ocurrió cuando murió Felipe II, cuando se produjo la invasión de los franceses y durante las diversas epidemias que asolaron la capital.

3. La plaza “gafe” de Colón (Metro Colón)

De entre todas las personas que visitan Madrid, es difícil encontrar alguna que no haya estado en la plaza de Colón, donde se erige una estatua en honor al insigne almirante Cristóbal Colón. Es éste uno de los centros neurálgicos de la capital, junto con la plaza dedicada a la diosa Cibeles. Sin embargo, no son ya tantos los que conocen la historia de esta estatua ni el gafe que supuestamente generó a quienes tuvieron que ver con su construcción. ¡Ríanse de las obras de la M-30!

Inicialmente fue ideada para agasajar al rey Alfonso XII con motivo de su boda con doña María de las Mercedes de Orleáns el 23 de enero de 1878, pero las obras no avanzaron lo suficiente y la esposa del rey falleció, por lo que la estatua perdió su sentido original.

Aunque se continuó con el proyecto, no parece que se dieran mucha prisa, ya que al rey le dio tiempo a volver a desposarse y a tener descendencia sin que la estatua estuviera acabada. Por ello, tuvo que aplazarse la inauguración hasta el 12 de octubre de de 1885, coincidiendo con el aniversario del Descubrimiento de América, pero nuevamente llegó la fecha pactada y aún no había sido concluida, por lo que el asunto volvió a posponerse hasta el 4 de enero de 1886. Esta vez querían coincidir con el aniversario del regreso del primer viaje del Almirante. Sin embargo, el rey no pudo ver finalizado su regalo, ya que falleció el 25 de noviembre de 1885. Es más, la estatua no pudo ser inaugurada hasta 1892.

El dato

La estatua de Colón mide 20 m. Mientras que la base y el pedestal son obra del Arturo Mélida y miden 17 m, la figura es de Jerónimo Suñol y alcanza 3 m de altura.

4. Las estatuas de la plaza de Oriente (Metro Ópera)

Pocos saben que el concepto arquitectónico que actualmente tenemos de la plaza de Oriente no sería el mismo si Isabel de Farnesio, esposa de Carlos V, no hubiera tenido un sueño que obligó a modificar los planes primigenios de los arquitectos. La historia no puede ser más curiosa. Y es que las estatuas de los reyes que hoy adornan la plaza de Oriente iban a ser colocadas en la balaustrada del Palacio Real, pero una noche la esposa del rey tuvo un estremecedor sueño: un fuerte temblor azotaba Madrid y las figuras se precipitaban contra el suelo cayendo justo encima de ella. Se cuenta que la reina, atormentada por esta pesadilla, persuadió al monarca para que modificaran la disposición de las esculturas. En cierta medida, el sueño de Isabel de Farnesio no era del todo descabellado, ya que las estatuas de la discordia habían sido talladas a mayor escala de la real.

5. La cabeza delatora del cura (Metro Lavapiés)

Existen en Madrid multitud de calles que deben sus nombres a insólitos sucesos acaecidos en ellas. Son leyendas, sí, pero muchas esconden un poso de realidad. Tal es el caso de la que nos ocupa, la calle de la Cabeza, que se denomina así debido a un terrible crimen que quedó reflejado en un escrito de Domingo María Ripoll de 1717.

Según se recoge en la crónica, durante el reinado de Felipe III un judío converso que trabajaba para un hacendado sacerdote lo asesinó, lo decapitó y se fugó a Portugal con el botín.

Pasados unos años el asesino, que pensaba que su crimen habría pasado al olvido, regresó a la Villa y se dio un paseo por el Rastro. Cuentan que compró una cabeza de carnero para asarla y que la ocultó debajo de la ropa. Pero el rastro de sangre que iba dejando alertó a un alguacil que pasaba por allí. Al preguntarle qué llevaba debajo de la ropa, el criminal contestó: “Sólo una cabeza de carnero”. Entonces se la mostró y, de manera inexplicable, la cabeza se había transfigurado en la del cura decapitado. El criminal, asustado, confesó, fue detenido y ajusticiado y la testa volvió a transformarse en la de un simple animal.

Felipe III ordenó colocar una cabeza de piedra en la fachada de la casa en la que había ocurrido el suceso, pero posteriormente fue retirada debido a que los vecinos, asustados, se negaban a pasar por allí.

6. El misterioso cuadro de la Paloma (Metro Puerta de Toledo)

¿Puede un cuadro obrar milagros? Muchos devotos de la imagen de la Virgen de la Paloma así lo creen. Es más, esta virgen ha sido bautizada como “patrona” oficiosa de Madrid. Dicho cuadro se encuentra en la parroquia Virgen de la Paloma y San Pedro el Real, sita en la calle Paloma, 19, y su origen es un misterio. Lo único cierto es que en 1787 Isabel Tintero, una vecina de esta calle, descubrió a unos niños arrastrando el cuadro como si fuera un juguete. La mujer se lo arrebató sin miramientos, lo arregló y lo colocó en el portal de su casa.

Pronto cobró fama de milagrero y empezó a ser visitado por mujeres embarazadas y con niños recién nacidos, pues se contaba que la Señora les protegía. La imagen, que realmente representa a la Virgen de la Soledad, adquirió tanta relevancia que posteriormente fue trasladada a la mencionada parroquia. Se ha especulado mucho a causa del aspecto que presenta la joven del cuadro, que parece el de una mujer encinta, cosa difícil tratándose de una virgen, ¿no creen?

7. La patrona de las velas eternas (Metro Ópera)

Afirman que el descubrimiento de la talla de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, fue uno de los más extraños que se recuerdan. Y no es para menos. Apareció el 9 de noviembre de 1085 y se conserva en la catedral que lleva su nombre, ubicada en la calle de Bailén s/n. En el exterior del monumento, en el lateral, situado en la Cuesta de la Vega, podemos observar una placa conmemorativa que indica el lugar exacto donde se produjo el hallazgo.

La historia no puede ser más asombrosa. Según la leyenda, cuando se produjo la invasión musulmana, hacia el año 711, la comunidad cristiana escondió la imagen en el interior de uno de los cubos de la muralla y allí permaneció tanto tiempo que cuando intentaron rescatarla, después de la Reconquista, nadie recordaba su paradero. Cuentan que Alfonso VI estaba dispuesto a derribar la muralla entera si no aparecía, pero antes hicieron una procesión rogativa. Pues bien, justo cuando los participantes pasaban delante del depósito de grano uno de los cubos se derrumbó y dejó al descubierto la imagen de la Virgen con el niño. Lo más sorprendente es que -según la piadosa tradición- junto a ella había dos velas… ¡que seguían encendidas después de tres siglos!

¿Sabías que…

…la Virgen de la Almudena se llama así porque apareció justo enfrente de un depósito de grano, que en árabe se denomina almúdit? Al final, con el paso del tiempo el nombre se transformó en Almudena.

8. La dama muerta del carnaval (Metro Banco de España)

Una de las calles más famosas de Madrid es la de Alcalá. Justo en el número 43 se sitúa la parroquia de San José, un templo sobre el que pesa una curiosa leyenda relacionada con aparecidos.

Según la tradición popular, durante el carnaval de 1853 se celebró una fastuosa fiesta cerca de esta iglesia. A ella acudió un diplomático extranjero que apenas hablaba español. El joven conoció a una enigmática condesa disfrazada con un antifaz con la que bailó toda la noche. Antes del alba, la dama le pidió que la acompañara a un lugar para mostrarle algo. Él, encandilado por su belleza, la siguió hasta la mencionada parroquia. Allí le mostró un catafalco que había sobre el altar y le dijo que quien yacía en su interior era ella y que al día siguiente se celebraría su funeral. Acto seguido la misteriosa dama desapareció y el diplomático pensó que había sido víctima de una broma muy pesada. Pero al día siguiente quiso comprobarlo y regresó a la iglesia, donde se estaba celebrando un funeral. Cuando preguntó a los asistentes por la dama, se percató de que había estado bailando con un fantasma.

9. Los “gatos” de Madrid (Metro Ópera)

¿Sabía que a los madrileños también se les llama “gatos”? La explicación se remonta a la época de la Reconquista. En 1085 Alfonso VI y sus hombres recuperaron la fortaleza de Magerit, que se encontraba bajo dominio musulmán. Cuentan que un joven escaló las murallas sólo con la ayuda de su cuchillo, sin cuerdas ni aparejos de clase alguna. Al parecer, lo hizo tan rápido y de manera tan sigilosa que fue comparado con un gato. Antes de que el enemigo se diera cuenta, cambió las enseñas y facilitó la victoria al monarca cristiano.

10. Las vicisitudes de un cuerpo incorrupto (Metro La Latina)

Muchos saben que el patrón de Madrid es San Isidro Labrador y que su cuerpo incorrupto se conserva en la iglesia-catedral del mismo nombre (calle de Toledo, 49). Sin embargo, la llegada a este recinto no fue precisamente un camino de rosas.

San Isidro nació en Madrid hacia 1080-82. Trabajaba para un terrateniente llamado Iván de Vargas y, según parece, no tenía muy buena fama entre sus compañeros, quienes lo acusaban de vago, ya que se pasaba buena parte del día orando en las iglesias de la Villa en lugar de atender a sus obligaciones como el resto. Lo que más rabia les daba era que cuando iban a reprenderle su faena aparecía, sorprendentemente, bien hecha, pues contaba –dice la tradición religiosa- con ayuda celestial.

De él se afirma que obró varios milagros. Curiosamente, cuando murió su cuerpo fue enterrado en el cementerio de San Andrés Apóstol y permaneció allí 40 años sin que se conociera su paradero exacto. Pero Isidro, que aún no había sido canonizado, tenía otros planes y, supuestamente, se apareció ante un conocido al que pidió que diera aviso para que buscaran su cuerpo y fuera trasladado a la iglesia de San Andrés (plaza de los Carros s/n). Pero el hombre, que temía que lo tomaran por loco, hizo oídos sordos y no comentó nada a nadie. Entonces, refieren, San Isidro le mandó una enfermedad y no mejoró hasta que apareció el cuerpo.

En vista del poco éxito que había tenido su primera aparición, Isidro se presentó ante una mujer que, por suerte para ella, sí habló. Así fue cómo se buscó el cuerpo a golpe de azada en el lugar preciso que había indicado el propio difunto. El cuerpo estaba incorrupto y olía a incienso a pesar -y he aquí lo “milagroso” del asunto- de que discurría por encima de él un riachuelo de aguas fecales. Después de su paso por la iglesia de San Andrés, el cuerpo fue trasladado a la calle de Toledo, donde se custodia desde entonces.

¿Sabías que…

…para su tiempo San Isidro fue una especie de “gigante”? Medía 1,90 m, una estatura muy poco habitual en el siglo XI, y murió a los 90 años de edad, algo poco frecuente para la época.

11. La fuente “milagrosa” 

Cada 15 de mayo, coincidiendo con la festividad de San Isidro, muchos fieles se desplazan hasta la fuente que hay justo a la entrada del cementerio de San Isidro, en el paseo de la Ermita del Santo. Según la leyenda, Iván de Vargas le pidió agua a Isidro, pero no le quedaba, así que se acercó a una roca, la tocó y dijo: “Cuando Dios quería, aquí había agua”. La tradición afirma que el agua brotó y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Con posterioridad el agua de la fuente cobró fama de milagrera y hay quien acude con la esperanza de mejorar su salud.

12. La beata que huele a manzana (Metro Gran Vía)

En la calle Valverde, 15 se halla el convento de las Mercedarias. En él se custodia el cuerpo de la beata Mariana de Jesús, fallecida en 1624, sobre la que se cuentan historias asombrosas.

Su cuerpo, además de estar incorrupto, es flexible y -según explican las propias mercedarias- exuda un líquido, una especie de grasa que huele a manzana. Una tela cubre su rostro, porque fue quemado accidentalmente cuando intentaban sacar un molde, pero el resto del cuerpo se encuentra bien conservado.

© Clara Tahoces

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Clara TahocesUn paseo mágico por Madrid

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