Nicolás II: un zar influido por la magia y el espiritismo

Casi todos los biógrafos del zar Nicolás II coinciden en destacar su carácter débil e influenciable. Quizá por esto la figura de Rasputín planeó como una sombra sobre la dinastía Romanov hasta poco antes de su fusilamiento. Sin embargo, pocos destacan que los últimos zares de la gran Rusia eran simpatizantes de las doctrinas espiritistas.

Nicolás II, nacido en Tsarskoïe Selo en 1868, fue el hijo y sucesor de Alejandro III, quien le había dejado como legado un gobierno absolutista y centralizador. De carácter terriblemente débil se casó con Alejandra Fiodórovna, que poseía una personalidad de un misticismo exaltado y que influyó decisivamente en sus resoluciones. Juntos tuvieron cinco hijos: Alexei, Olga, Tatiana, María y Anastasia. Alexei -el único varón- padecía hemofilia y la zarina -terriblemente aficionada al ocultismo- viendo que los médicos no conseguían sanarle, convenció a su marido para que por el castillo desfilaran toda suerte de estrambóticos personajes en busca de ganarse los favores de los zares: el doctor francés Philippe, la visionaria Daria Ossipowa, el cantor de oráculos Jegorov, el clarividente político Antoni, el médico tibetano Badmajev, el monje sanador Yliodor, el mago francés Papus y el conocido curandero Encausse entre otros. Sin embargo, ninguno logró curarle.

Rasputín entra en escena

La enfermedad de Alexei fue precisamente la causante de que el misterioso Grigori Efimovich Rasputín, originario de Siberia, entrara en sus vidas; el pequeño Alexei había sufrido un accidente en una barca que le había desencadenado una garrafal hemorragia que nadie era capaz de detener. Por aquel entonces, Rasputín ya había cobrado una gran fama, y sus capacidades paranormales le predecían adonde quiera que fuese. Anna Virubova fue la encargada de presentarle a los zares quienes viendo que la situación lejos de mejorar, empeoraba por momentos decidieron recurrir a él.

De este modo, en 1907, Rasputín se persona en el castillo y tras imponer sus manos sobre el niño logra detener la fiebre y la hemorragia. Ninguno de los presentes da crédito a lo ocurrido pero los zares se quedan subyugados ante la presencia de este hombre de ojos hipnóticos y de apariencia corpulenta, hasta tal punto que la zarina le pide que se quede a vivir con ellos.

En el diario del zar, con fecha 19 de julio de 1907, haciendo referencia al incidente puede leerse la siguiente anotación: “Hemos conocido a un hombre de Dios que se llama Grigori y que viene de Tobolsk. Sus plegarias salvaron a Alexei de una muerte segura”.

A partir de esta fecha, la vida de los zares y por extensión la del pueblo ruso, se ve completamente modificada. Las aficiones ocultistas de la zarina van en aumento día a día y junto a Nicolás II –este último guiado por ella y por el propio Rasputín- comienzan a asistir a reuniones de corte espiritista. En estas sesiones quedan patentes las supuestas facultades paragnostas de Grigori, que si bien había fascinado a los zares, se fue creando poco a poco una corriente de enemigos (principalmente los antiguos curanderos y magos que habían asistido a Alexei, quienes se ven expulsados de la las altas esferas). En especial, el monje Yliodor no toma demasiado bien su derrota y crea una conjura para atentar contra su vida.

El zar, manipulado

Pero las murmuraciones no sólo se producen en la Corte, también alcanzan al pueblo llano, que observa aterrorizado cómo la figura del zar está siendo lentamente desplazada por la del “monje” -en realidad nunca llegó a tomar los votos.

Rasputín, era el responsable de organizar las sesiones espiritistas para los zares. Seguía las enseñanzas de los famosos Alex Nikolaievich -considerado uno de los padres de la investigación metapsíquica- y Alex Aksakov. A estas sesiones acudían destacados personajes de la Corte como las hijas del rey de Montenegro o los propios conjurados: el gran duque Dimitri, el príncipe Félix Yussupov, el médico militar Purishkovich, entre otros. También se supo que el gran duque Nicolás apoyaba silenciosamente sus pasos.

De cualquier modo, la conjura no fue inmediata, se gestó poco a poco. La gota que colmó el vaso fue la decisión del zar -auspiciada por Rasputín- de no intervenir en los Balcanes. El gran duque Nicolás, como comandante en jefe de las fuerzas rusas, se indignó. Existían muchos motivos por los que los militares querían la guerra. Entonces se convocó una reunión en la que además del zar y su inseparable Rasputín asisten el propio gran duque Nicolás, el ministro de Asuntos Exteriores, el ministro del Interior y el ministro de la Guerra. Entre todos -exceptuando a Grigori- intentan convencer al zar de las ventajas que obtendría Rusia al participar en el conflicto bélico. El zar se mantiene firme durante algún tiempo.

No obstante y a pesar de las advertencias de Rasputín, las presiones hacia la figura del zar van en aumento, y termina por declarar el 31 de julio de 1914, la guerra a Alemania.

Mientras tanto, habían sido muchas las ocasiones en las que se había atentado contra la vida del consejero del zar, pero sin éxito alguno.

La muerte de Rasputín

Rasputín, quien presentía su muerte, había advertido a la zarina del final que a la dinastía Romanov le esperaba si se separaban de él: “Si os separáis de mí, en menos de seis meses perderéis el trono y la vida. Tengo atroces pesadillas y, en ellas, veo mi futuro. Moriré pronto, entre dolores indescriptibles y tú, madrecita, perderás la corona y serás víctima de una matanza de la que no se salvará ningún miembro de tu familia”, había intuido meses antes de su asesinato.

Y llegó diciembre de 1916, la fecha fijada para llevar a cabo la conjura. Rasputín fue invitado a pasar una velada para charlar sobre arte y espiritismo en el palacio del príncipe Félix Yussupov, en San Petersburgo. Lo curioso es que fueron muchas las personas las que presintieron que algo malo iba a sucederle al “monje” y no dudaron en advertirle que no debía ir a esa reunión. Sin embargo, Rasputín desoyendo todos los consejos se presentó en el palacio y consumió grandes dosis de veneno, ocultas en los pasteles y en el vino. Había cantidad suficiente para eliminar a diez hombres pero Grigori no pareció inmutarse. Viendo que no eran capaces de acabar con su vida, decidieron tirotearle y arrojarle, según todos los indicios, aún vivo, al río Neva. Después su tumba sería profanada y sus restos quemados y esparcidos por la nieve.

Tal como Rasputín había intuido, pocos meses después de su muerte, el 22 de marzo de 1917, el zar Nicolás II se vio obligado a abdicar ante la revuelta bolchevique y tanto él como toda su familia serían arrestados y trasladados al distrito de Tobolsk -curiosamente el mismo lugar donde había nacido Rasputín-. De allí serían conducidos al sótano de una casa en Ekaterinburgo donde fueron ejecutados en julio de 1918.

Estos hechos, nos dan una idea de cómo lo paranormal puede llegar a transformar la vida de las personas… Lo que todavía hoy se preguntan los historiadores es cómo habría sido el reinado de Nicolás II de no haber aparecido la figura de Grigori Rasputín en la Corte de los zares. Tal vez, dado su afición al espiritismo, otro mago hubiera ocupado su lugar…

Reportaje publicado en la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA (MONOGRÁFICO PERSONAJES QUE CAMBIARON LA HISTORIA).

© Clara Tahoces

Clara TahocesNicolás II: un zar influido por la magia y el espiritismo

Comentarios 1

  1. Felix Casanova

    Que bueno que nos traigas este artículo. En los comienzos del siglo XX todavia estaba en ebullición el boom espiritista que comenzó en el siglo XIX. Esto, unido a la enfermedad del zarevich y la inteligencia de Rasputin, daban la combinación perfecta para que el Zar y la Zarina creyeran a pies juntillas.
    Saludos, Clara

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