Guía de la España bruja

Durante la Edad Media, una serie de personas –especialmente mujeres– fueron tachadas de “brujas”. Se decía de todo: que se comían a los niños, que pactaban con el maligno, que se reunían para realizar extrañas ceremonias destinadas a dañar a sus enemigos… Estas personas, fueron perseguidas, “juzgadas” bajo acusaciones terribles, obligadas a confesarse como hechiceras bajo procedimientos inquisitoriales para finalmente, en muchos casos, terminar siendo pasto de las llamas. Las llamadas “brujas” tenían sus puntos de reunión en prados, cuevas y montes principalmente, repartidos por nuestra geografía. Estos lugares aún imponen respeto a quienes por allí transitan.

Cuando hablamos de brujas en España instintivamente una localidad cercana a la frontera de Francia y en la raya de Euskadi nos viene a la mente: Zugarramurdi. Durante mucho tiempo, decir Zugarramurdi era casi como nombrar al mismo diablo. Y es que los hechos que en esta localidad tuvieron lugar, calaron hondo y han perdurado en la memoria colectiva hasta nuestros días.

Zugarramurdi

Logroño, 7 de noviembre de 1610.

La Santa Inquisición decidía enviar a la hoguera a María de Arburu, María Baztán, María de Echachute, Graciana Xarra, Domingo de Subildegui y Petri de Juiangorena, todos ellos vecinos de Zugarramurdi. Otras cinco personas serían quemadas en efigie, pues habían fallecido en la prisión.

Esto último, si repasamos muchos de los procesos inquisitoriales, veremos que era algo relativamente frecuente: morir en la cárcel esperando el cumplimiento de la sentencia. ¿Cómo serían las oscuras mazmorras de la Inquisición para que se diesen estas muertes?

Pero es que en el caso concreto de Zugarramurdi, si el Santo Oficio hubiese podido habría eliminado a todo un pueblo, puesto que se llegó a acusar a trescientas personas de practicar la brujería.

Comercio “brujeril”

Viajar ahora hasta Zugarramurdi es hacerlo a un destino turístico en el que se cobra la visita a las cuevas en las que se reunían las brujas para realizar los akelarres. Esta palabra procede del vasco ake larren y significa “el prado del macho cabrío”. Posteriormente se le encontró el sentido que ahora todos conocemos como punto de reunión de las brujas para realizar sus ceremonias supuestamente satánicas.

En Zugarramurdi también se conoce a estas cuevas con el nombre de sorguinen lezeak (cueva de las brujas). Estas cuevas reciben anualmente unos 50.000 visitantes, después de que hace unos años se decidiese habilitar las cavernas para el turismo… Antes era un territorio silvestre y semiescondido, ahora permanece vallado durante la noche.

Por San Juan, los zuamurdiarras celebran una especie de “akelarre” en el que el vino, los bailes y la comida son los protagonistas.

Poco podían imaginar los reos condenados a la hoguera que el dinero de la venta de las entradas de las cuevas, en las que supuestamente se reunían, sería dedicado a la construcción de un frontón.

En el pueblo, gran parte de los ingresos proviene de este bochornoso espectáculo protagonizado por la Santa Inquisición. No es difícil hallar puestos de artesanía en los que se venden representaciones de brujas, sapos y otros motivos hechiceriles.

En los bares, los amantes del misterio no quedarán descontentos al hallar máscaras, ceniceros y hasta camisetas con la palabra “Zugarramurdi” y “akelarre”, o con dibujos impresos en ellas de brujas volando en sus escobas (algo que jamás llegó a ocurrir, al menos como la Inquisición quiso vendérnoslo).

Brujas en la Gomera

Claro que en todas partes, como dice el refrán, se cuecen habas, aunque habría mucho que argumentar sobre los métodos empleados por la Inquisición para obtener las supuestas confesiones, por parte de los encausados.

En cualquier caso, lo que sí parece una constante, es el hecho de que estas personas que practicaban ritos –no necesariamente diabólicos– se reunían en lugares apartados de las miradas de los curiosos. En vista de las maneras de la Iglesia en aquel tiempo, esto no puede sorprender a nadie. En muchas ocasiones buscaban montes, no sólo por el motivo expuesto líneas atrás, sino porque la mayoría de estas personas buscaban el contacto directo con la Madre Naturaleza y la ascensión a los lugares en los que desde la antigüedad –algo repetido hasta la saciedad en multitud de culturas– se creía que moraban los dioses y que desde allí podían contemplar las acciones de los humanos… A modo de pequeño recordatorio citaremos algunos emplazamientos como el Sinaí, el Olimpo, El Ararat o el Popocatepetl… En nuestro país sucede lo mismo, en los picos altos de la isla de la Gomera (Canarias), parece existir un pequeño claro en el bosque en el que se solían alinear círculos de piedras. Las leyendas sobre estas piedras hacen que a más de un curioso se le quiten las ganas de transitar por allí durante la noche, ya que se rumorea que durante la noche las brujas son las encargadas de mover y cambiar de lugar las piedras. Incluso hay quién les deja pequeñas ofrendas de comida… Claro que lo que se asocia generalmente con las brujas, bien pudiera tener su origen mitológico en el mundo feérico.

La Peña Ubiña

Lo que normalmente se entiende por bruja o brujo, poco tiene que ver con la actividad desarrollada por estas personas. Muchas poseían magníficos conocimientos del uso de la farmacia más importante del mundo, que es nuestro propio hábitat que, por cierto, hemos respetado bien poco. Ellos sí lo hacían. Conocían los múltiples usos de las plantas y la gente de los pueblos acudían a ellos para solicitarles remedios de todo carácter: anticonceptivos, afrodisíacos, alucinógenos (sabían del uso de plantas como la belladona, la mandrágora, las flores del cáñamo, la raíz del eléboro, las semillas del girasol), etc.

Y gustaban de frecuentar lugares lo más cercanos posible a Gaia -de ahí, en cierto modo, la fama de que vivían escondidas a causa de sus actividades “infernales”-. Por eso, sitios como la Peña Ubiña, con sus 2.417 metros de altitud, en plena cordillera Cantábrica, podía ser un emplazamiento perfecto para la reunión de brujos.

El monte Pindo

Al igual que existen lugares con fama de sagrados o mágicos, también los hay con fama de “malditos”. Un buen ejemplo podría ser el monte Pindo, frente a Finisterre, del que se decía que resultaba poco recomendable debido a las reuniones de brujos que, según parece, tuvieron lugar allí. Sin embargo, lo curioso es que fue aquí donde San Guillermo decidió instalarse para convertirse en eremita, y contrarrestar quizás la fuerza que sobre ese monte, supuestamente, tenía el diablo que habitaba en una cueva cercana.

San Guillermo no se echó para atrás un ápice e hizo oídos sordos a las leyendas. Después, muchas parejas que por alguna circunstancia se habían quedado estériles comenzaron a acudir a este punto para hacer el amor sobre una piedra oscilante que, según dicen, posee la cualidad de devolver la fertilidad.

Y es que este tipo de problemas han preocupado desde siempre a la humanidad, al igual que el conocimiento del futuro. De hecho, la función de las sorguiñas vascas tenía en cierta medida ese fin: sorguiñak, sorgiñ, “oficio”, que nace de la derivación de zor-egin “hacer la suerte”. Para ello empleaban métodos parecidos a la actual bibliomancia consistentes en tomar un libro en el que se introducían cintas de colores, de las que el consultante, al azar y tras cierta parafernalia, debía escoger una. La bruja abría el libro por la página seleccionada a través de la cinta y leía un párrafo que supuestamente sería la tónica dominante en el futuro del consultante o que le daría pistas sobre lo que había preguntado. Claro, estos métodos, no podían ser vistos con buenos ojos por Iglesia, pues les restaban fieles. Pero, a pesar del tiempo transcurrido, todas esas persecuciones han servido de poco, ya que hoy se sigue acudiendo a las consultas de los mánticos.

PUNTOS DE REUNIÓN DE LAS BRUJAS

Conozcamos ahora algunos emplazamientos de nuestro país que han tenido fama de ser lugares de reunión de brujos:

-El Moncayo: en la línea divisoria entre Soria y Zaragoza. A los pies del monte arribaban las brujas para realizar sus rituales. Bécquer dio vida a sus andanzas.

-El Pedraforca: en la sierra barcelonesa de Cadí. Cuenta la leyenda que el diablo construyó en una sola noche un suntuoso castillo que sería posteriormente derribado por las fuerzas angélicas. La conseja cuenta que desde este suceso las brujas regresan la noche de San Silvestre (mientras los demás tomamos las uvas) para dar rienda suelta a sus hechizos.

-El Montseny: también en Barcelona. Cuenta la tradición que desde el pico de Morou, las brujas se dedicaban –tal vez por aburrimiento– a lanzar rayos a los acongojados vecinos. De hecho se cuenta que en un castillo cercano, medio en ruinas, vivía la reina de las brujas.

-La Peña de las brujas: en Plans (Huesca). En este lugar se daban cita las brujas de la comarca del Noguera Ribagorzana, donde efectuaban prácticas sexuales de todo tipo.

-El Jaizkíbel: entre Hondarribia y Rentería (Guipúzcoa). Era punto obligado de cita previa para acudir a las cuevas de Zugarramurdi, para dar desenfreno a sus creencias en la Naturaleza y los estímulos que ésta les ofrecía.

-Los Montes de Oca: en el camino burgalés de Santiago. ¿Será casualidad? Según se cuenta, el famoso brujo Ioanes de Bargota era un reiterado visitante de este paraje y de los akelarres que en él se desarrollaban.

-El Monte Faro: cercano a Sanxenxo, en la provincia gallega de Pontevedra. Las leyendas afirman que hasta este emplazamiento venían todas las brujas de los alrededores para los akelarres.

-El Fonvecha: en Pontevedra (Galicia). Su nombre, que traducido significa “fuente vieja”, nos habla, según las leyendas, de que era un punto de reunión para las brujas gallegas.

-El Torcal: en Antequera (Málaga). Además de que en Antequera se hallan unas cuevas que, según la tradición, debido a sus dimensiones, fueron construidas supuestamente por gigantes, el Torcal era un lugar al que se acercaban todas las brujas procedentes de la serranía de Ronda.

MÁS DATOS EN:

-Vidas mágicas e Inquisición. Caro Baroja, Julio. Itsmo. 1992.

-Brujas, las amantes del Diablo. Jiménez del Oso, Fernando. Anaya. 1995.

-Diario íntimo de una bruja, Tahoces, Clara. Martínez Roca, 2001.

Reportaje publicado en la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA (MONOGRÁFICO EDAD MEDIA).

© Clara Tahoces

Imagen © princessserenety

Clara TahocesGuía de la España bruja

Comentarios 1

  1. Sonia

    Muchas gracias, muy interesante, me gustaría visitar algunos de estos lugares, lo que da pena es que no se haya mantenido su esencia, su silencio y en algunos lugares se vendan souvenirs de algo que fue la destrucción de personas muy especiales 🙁

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