El Mundo de la Tarde

Sábado, 6 de junio de 1998 EL MUNDO periodico


Un paseo por el Madrid mágico

Presentada una guía que explica los lugares cargados de las leyendas y los misterios inexplicables de la capital

JAVIER MEMBA

MADRID.- Aunque inmersos en sus prisas y en su ajetreo no nos demos cuenta, las calles y los edificios de Madrid también encierran misterios inexplicables. Almas en pena que se remontan a los días en que causaba estragos la crueldad del Santo Oficio, amantes que aún lloran al protagonista de sus deseos, voces que se escuchan en la inmensidad de los palacios, e incluso seres que parecen extraídos de la mitología del gran Tolkien, conviven con el ejecutivo, el funcionario, el ama de casa, el estudiante y el empleado.

Al menos eso es lo que se desprende de la lectura de la Guía del Madrid mágico (Martínez Roca) que, escrita por Clara Tahoces, llega estos días a las librerías.

Seguro que quiere decir algo que la nuestra, junto con Tandapi (Ecuador), sea una de las dos ciudades del mundo que cuentan con un monumento al Diablo. Luzbel -creador de la luz según sus devotos-, expulsado del Paraíso por soberbio, recibe al curioso entre los paseos de Fernán Nuñez, Uruguay y la República de Cuba del parque del Retiro. Sin más compañía que la serpiente que simboliza su pecado, el ángel caído mira al cielo -acaso con desprecio- abriendo la puerta de lo arcano.

Antes de albergar la Casa de América, el Palacio de Linares dio mucho que hablar por las películas que rodara en él Luis García Berlanga y por las supuestas voces que repetían: «¡Mamá!, ¡mamá!... ¡Nunca oí decir mamá!». En opinión de Clara Tahoces, tan desesperado canto a la maternidad, por parte del espectro de Raimundita, no fue sino un fraude que sirvió para que la antigua residencia de los marqueses de Linares fuese convertida en un «circo por el que pasaron pretendidos videntes e investigadores de lo paranormal de dudosa reputación».

Mucho se ha hablado también de los espectros que moran en el Centro de Arte Reina Sofía, lo que no es de extrañar si se considera que, antaño, el edificio era un depósito de cadáveres.

Al parecer, según cuentan quienes vigilan el recinto por la noche, allí se abren las puertas cerradas con llave sin que mano alguna actúe sobre sus picaportes, los ascensores funcionan después de haber sido desconectados e incluso se ha llegado a afirmar que han tenido lugar procesiones de extrañas entidades que lucían hábitos religiosos. De lo que sí se puede dar fe es de los enterramientos localizados en uno de sus sótanos.

Aluche era un cerro llamado Luche, y el paseo de Extremadura, el camino de Alcorcón cuando el mismísimo San Francisco vivió entre nosotros. Cuenta la leyenda que el amigo de los pobres y los animales regresaba una mañana de hacerle un recado al prior de San Martín cuando unos invidentes le salieron al paso. El santo mojó sus dedos en una vasija de aceite que llevaba encima para ungir los ojos de los infelices que, acto seguido, recuperaron la visión. De ahí que actualmente conozcamos tan mágico lugar como la cuesta de los Ciegos.

Una de las leyendas más bellas de nuestra ciudad, que de no ser cierta merecería serlo, es la de sor Margarita. Reinaba a la sazón Felipe IV cuando la hermosura de la religiosa desató la lascivia del monarca. Ajeno a los votos de la bella, ya entrada la hora de los fantasmas, el rey accedió al convento de san Plácido por un pasadizo construido por su amigo Jerónimo de Villanueva. Presto a perpetrar su villanía, su majestad comenzó a escuchar los cantos fúnebres de las religiosas. No encontrando a aquella que tan execrables deseos les inspiraba en el cortejo fúnebre, su majestad temió lo peor.

Efectivamente, la bella había preferido la muerte antes que entregarse a los deseos del soberano. ¡Honra eterna a su memoria! Parece ser que, desde entonces, el alma de la religiosa vagó en pena entre los muros de la casa.


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