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ENTREVISTA A JUAN ARIAS Autor de María, esa gran desconocida
Juan Arias es un hombre tranquilo que refleja en la mirada la sabiduría que dan los años mezclada con la picardía de estar más cerca que otros de las respuestas a las preguntas trascendentales que todos nos hacemos. Actualmente ejerce de corresponsal para el diario El País en Brasil y es el autor del best-seller “Jesús, ese gran desconocido”. Texto y fotos : Mario Jiménez
Acaba de publicar María, esa gran desconocida (Maeva) que aparte de levantar polémica sobre la vida de la Virgen y la concepción que tenemos de ella, también lleva camino de convertirse en un súper ventas. -¿Es la María que nosotros conocemos parecida a la que existió hace 2000 años? -Todo lo que sabemos de María es puro virtual. ¿Cómo se puede probar, por ejemplo, que no tenía pecado original? Lo poco que se sabe de ella es que era una mujer judía con mucho carácter. Madre de un hijo muy complicado al que torturaron y asesinaron de una manera vergonzosa. Una mujer se identifica con esa madre, no con una virgen a la que no han quebrado el himen. -¿Qué importancia tienen los evangelios apócrifos en la historia de María? -Esto es algo contradictorio porque la Iglesia los quemó todos ya que según decía eran demasiado fantasiosos, pero luego recurre a ellos cuando más le interesa. De hecho, han creado un dogma de fe basado en estos evangelios que rechazan de pleno. Sabemos que existieron porque estaban citados por los Padres de la Iglesia y había más de cien. En ellos se hablaba mucho de María, pero a los canónicos no les interesaban porque lo importante era Dios, Jesús y la predicación. Por ejemplo, el evangelio habla de los hermanos de Jesús pero la Iglesia se va a los apócrifos para decir que eran hijos de un matrimonio anterior de José, al que pintan como un viejo de 60 años cuando en realidad se sabe que tenía unos 18. También la parte más increíble, como la Inmaculada Concepción y demás, ha salido de los apócrifos, porque eran los más literarios. -¿Y qué hay entonces de la supuesta virginidad? -El catecismo holandés, que se vendía bajo cuerda en El Vaticano, ya decía que la virginidad era algo simbólico. María se ha convertido en el anti-sexo y todo gira en torno a la condena de las prácticas sexuales. Tampoco hay fundamento bíblico para la ascensión a los cielos, que supuestamente se hizo en cuerpo y alma. Y es que llega un momento, tras la muerte de Jesús, en que María desaparece sin dejar rastro; la mejor explicación entonces era decir que había subido a los cielos. -¿Qué piensa de las apariciones marianas? -Que están instrumentalizadas totalmente por la Iglesia. En las apariciones la Virgen nunca dice que vayamos contra el poder, que ayudemos a los pobres o que luchemos contra las injusticias; siempre son augurios de desgracias que se producen en momentos históricos destacados como la Revolución francesa o la Bolchevique, en la que se decía que si Rusia no se convertía se acabaría el mundo. -¿Qué influencia pudo tener María en su hijo? -Por su carácter tuvo que tener mucha influencia en Jesús. Por ejemplo en las Bodas de Caná, María casi ordena a su hijo que convierta el agua en vino. Seguramente en el hecho de que Jesús fuera diferente de los demás profetas también tendría mucho que ver su madre. Hay que entender la cultura de la época; la importancia de la madre, de la mujer. No podemos olvidar que María no era cristiana sino judía y que la religión que Jesús predicaba era la judía. -¿Cómo era Jesús realmente? -Era un revolucionario. Lo nuevo es que añadía predicación religiosa. Lo que predicaba Jesús no era que el pueblo judío fuera el pueble elegido, sino que el pueblo elegido era la Humanidad entera. Él nunca se llamó Dios, decía que era el Hijo del Hombre. Tenía una visión profética, pero como la tuvo Buda, Mahoma o San Francisco de Asís. Dejó en marcha una revolución que a lo mejor ni él mismo sabía que sería tan importante tras su muerte. -Entonces, según usted, nada es como nos lo han contado... -En realidad, si se piensa un poco todo se desmonta. Los teólogos modernos reconocen que la resurrección es simbólica y que lo que sigue vivo es la palabra de Jesús y su manera de vivir. A este respecto Juan XIII decía que hay que saber distinguir entre ropaje y contenido. La religión existirá mientras exista la muerte. Hay misterios que el hombre no entiende y por eso necesita la religión.
Este reportaje ha sido publicado con el permiso expreso de su autor. Volver a inicio |