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LA SENDA DEL DRAGÓN EL GRAN LEY
Las líneas leys es el nombre que recibe una misteriosa red de líneas rectas que unen entre sí antiguos vestigios y enclaves arqueológicos. ¿Quieres realizar un recorrido mágico por ellas? Por: Miguel G. Aracil Hará unos quince años y mientras escribía la primera edición de mi libro Dioses, megalitos y fuerzas telúricas (Ediciones Arbor y Editorial La Espiral) me llamó la atención un trabajo que sobre telurismo acababa de aparecer en el mercado español y que revolucionó las teorías al respecto existentes hasta aquel entonces en nuestro país. Este trabajo se tituló en lengua castellana Nueva visión sobre la Atlántida (ediciones Martínez Roca), del que era autor el investigador John Michell, verdadero especialista en los siempre polémicos leys, nombre que recibe la misteriosa red de líneas rectas que unen entre sí, antiguos vestigios y enclaves arqueológicos, principalmente de función religiosa. El verdadero “padre” de los leys, fue sin duda el fotógrafo, hombre de negocios e inventor Alfred Watkins (1855-1935), quién descubrió una verdadera telaraña de líneas rectas que unían entre sí, montículos posiblemente artificiales, piedras “sagradas”, cruces, viejas encrucijadas de caminos, iglesias levantadas sobre antiguos templos prehistóricos o lugares de culto ancestrales, yacimientos arqueológicos, pozos sagrados, etc., lo que a mí personalmente me gusta denominar “Lugares mágicos” (y, por lo tanto, más o menos sagrados). Este estudioso se percató de que muchos de los lugares por donde pasaban estas líneas contenían la palabra ley, que en inglés significa “llanura despejada” o “claro despejado” y por esta razón a estas líneas las bautizó con ese nombre. Postuló que eran básicamente prácticas, y que surgieron en la más remota antigüedad para servir de guías a los viajeros y peregrinos, y que pasaban por lugares donde antaño se encendían almenaras que iluminaban el camino. Enseguida apareció un buen número de seguidores de Watkins que formaron una asociación denominada The Old Straight Track, los cuales aún fueron más lejos y aseguraron que estos senderos telúricos, eran parte de una telaraña de líneas de energía física y espiritual que recorrían el paisaje terrestre y que en última estancia, se alinean con los estrellas, y así descubrieron que una de estas líneas que atraviesa el círculo megalítico de Boscawen-un, situado en Cornualles, muy cerca de Pensanze, enlazaba el emplazamiento de un edificio religioso de la isla de Sant Clement con la constelación de las Pléyades en septiembre, más o menos en pleno equinoccio. Entre los “cazadores” de leys brilló con luz propia Josef Heinsch quién los estudió en su Alemania natal y en la antigua Checoslovaquia, y descubrió que un gran número de centros religiosos precristianos y de iglesias cristianas, estaban unidas por estas líneas. Más adelante hablaremos de otro gran especialista en el tema: Lucien Richer. Después de largas investigaciones de campo, Watkins presentó una teoría que aseguraba que en tiempos antiguos, muchos de los leys habían sido utilizados incluso como caminos. Lógicamente y como nos dice Michell en su libro, la mayoría de los arqueólogos “oficiales” (afortunadamente, no todos) se rieron de la teoría del fotógrafo, y lo achacaron a “sueños de ocultistas”. En el interesante libro de Michell, en su capítulo titulado Los dragones y los matadores de dragones, y en el que relaciona a ciertos santos con las fuerzas telúricas, nombra de manera especial a San Miguel, del que dice: “San Miguel (y San Jorge) ilustran dos aspectos del mismo principio. Ambos se relacionan con el arquetipo representado por Cástor y Pólux, que regían el misterioso Fuego de San Telmo, una corriente de electricidad etérea sobre la que los antiguos griegos parecen haber conservado algún control incluso en tiempos históricos”, y seguidamente y antes de poner un numeroso ejemplo de lugares “mágicos” y telúricos consagrados a San Miguel en Bretaña y Cornualles (quizá el más conocido sea el maravilloso Mont Saint Michel de Normandía, el cual no deja de fascinarme cada vez que lo visito), nos dice: “Los santuarios dedicados a San Miguel son (a este respecto) especialmente característicos”. De aquel libro, lo único que personalmente me sobraba era su supuesta “relación” con la Atlántida, ese “posible” continente perdido del que tanto se ha abusado desde el campo del esoterismo. En cuanto a la existencia de los leys debo confesar que no tengo ninguna duda sobre su existencia real, pero necesitaba un ejemplo “nuestro” que pudiera verse con el mapa y la brújula en la mano. Como persona muy viajera y amante de la aventura, siempre he sentido un gran cariño por los mapas y brújulas. Aquel libro unido a mi afición a la ciencia de la orientación, me llevó a buscar sobre un gran mapa de Cataluña (escala 1:300.000) algún ley que pudiera servir de ejemplo a los lectores catalanes. Dediqué bastantes horas en tirar rayas con el lápiz o el “fosforito” sobre el mapa catalán, y aunque conseguí algunas investigaciones curiosas, como el triángulo escaleno que forman los monasterios de Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges, o algunas líneas perfectas en el Alt Empordá, donde se incluían importantes enclaves megalíticos, buscaba alguno que fuera realmente “impactante”. Entre los que encontré, había uno que desde un principio me había llamado la atención y que consistía en una inmensa línea recta que unía el templo románico de Sant Miquel de Segur, en Calafell, junto a recoletas segundas residencias. Por cierto que muchos de sus propietarios desconocen que a pocos metros de su vivienda tienen un interesantísimo templo románico, en la comarca del Baix Penedés, y muy cercano al precioso y reconstruido poblado ibérico de La Taxonera, con el monasterio de Ripio. Pasaba una línea recta exactamente por el lugar más sagrado de todos los catalanes, tanto de los que creen, como de los que nos definimos agnósticos, el macizo montserratino, y más concretamente por su monasterio.
Más tarde cayó en mis manos un reportaje del escritor y fotógrafo Martí Pié con el que me une una buena relación desde hace años. El trabajo, publicado en la desaparecida revista Karma 7, hablaba de la línea recta y de sus correspondencias mágicas, pero aunque no mencionaba el templo de Sant Miquel de Segur, sí que comentaba algo sobre aquélla que yo había detectado en el milenario monasterio de Ripoll, por lo que -cogiendo de nuevo la regla- observé que “mi” rectísima línea, cruzaba exactamente otro punto sagrado e importantísimo de nuestro pasado, nos referimos al precioso monasterio de Sant Miquel de Cuixá. Pié, estudiando la figura del abad benedictino Oliba, se dio cuenta de que en 1008, era elegido abad de los monasterios de Santa María de Ripoll y de Sant Miquel de Cuixá y además si leemos el interesante libro Historia de Montserrat, de Anselm M. Albareda, veremos que tal como nos dice este especialista en temas montserratinos, en el siglo X, no se puede hablar del monasterio de Montserrat, pues sencillamente no existía, y no es hasta la década de 1025 a 1035, en que el gran abad (que además era obispo de Vic) funda el monasterio y desde entonces tal como dice Albareda: “Oliba y Montserrat, son dos nombres gloriosos e inseparables en la historia de nuestro Montserrat”. Cuando vemos las extrañas “coincidencias” que estamos tratando, no debemos de olvidar que Oliba era monje benedictino, y que éstos, son sin duda los más esotéricos de todas las órdenes monacales existentes, y que en muchas ocasiones, fueron los depositarios del saber antiguo que durante varios siglos sólo fue conservado en los grandes monasterios benedictinos. Además hemos de mencionar que Oliba viajó en diversas ocasiones a tierras italianas, donde con toda seguridad, entró en contacto directo con gremios y sociedades de constructores lombardos, posiblemente los “padres” del románico. Estos arquitectos lombardos eran, seguramente, herederos de antiguos conocimientos mucho más antiguos. ¿Conocía el gran abad catalán la existencia de estas líneas y su poder de influenciar espiritualmente a los seres humanos? Actualmente es muy difícil de contestar a esta pregunta, pero su relación con tres de los más importantes centros espirituales de Cataluña, así nos lo indica. Algunas casualidades La línea pasa primero por Torrelletes, donde existió un extraño poblado troglodítico, y sigue hacia Vilafranca del Penedés, y más concretamente hacia lo que fue un importante enclave eremítico, nos referimos al lugar conocido como Sant Pau, de origen incierto, pero lugar de culto y refugio de eremitas en la Edad Media. Seguiremos nuestro camino y cruzaremos sobre Santa Fé del Penedés, antiguo enclave ibérico, del que se han encontrado restos. El ley continúa atravesando algunas pequeñas localidades para pasar justamente por uno de los lugares más mágicos de toda la montaña montserratina, nos estamos refiriendo a la inmensa Cova del Salnitre (Collbató), con un recorrido superior a los seiscientos metros, y una profundidad vertical que llega a los sesenta metros; digamos solamente, que en su vestíbulo de entrada, cabría la Catedral de Barcelona. Es un verdadero mundo subterráneo donde se han encontrado diversos restos arqueológicos que se remontan como mínimo a la Edad de Bronce, aunque algunos investigadores aseguran que se llegaron a encontrar restos del neolítico. Es más que probable que durante siglos, fuera un lugar de cultos mistéricos, para los que las cuevas y grutas eran muy importantes. Continuamos nuestro viaje por la “línea sagrada”, y nos encontramos con un pueblo de increíble interés para este trabajo, pues “nuestro” ley cruza exactamente por la población de Artés. En este pueblo, existió una basílica paleocristiana y de su importancia son testigo los diferentes restos arqueológicos (incluida una interesante necrópolis tardo imperial) que excavaron hace algunos años Katia Kliemann y su colega J. R. Juliá, pero todavía hay más, pues según nos cuentan unos antiquísimos documentos del siglo X, concretamente del año 938, en la Alta Edad Media, aún eran visibles en el lugar, un buen número de arques (dólmenes) lo que nos habla de la sacralidad del lugar, y en este mismo documento se menciona la existencia de unas extrañas piedras llenas de misteriosas e ilegibles inscripciones (desgraciadamente, nada sabemos sobre su origen ni donde fueron a parar) y de los megalitos, al menos que sepamos, ya no queda ni el menor rastro, como en tantos otros lugares de Europa. De Ripoll, poco nuevo podemos decir, pues su monasterio es considerado como el más importante de Cataluña. La actual construcción fue obra de Arnulf, pero continuada por Oliba. De manera similar a los antiguos arcos de triunfo romanos, la portada de Ripoll aparece ante nuestros ojos como el arco triunfal del cristianismo, presidido por el Cordero Inmaculado, rodeado por los cuatro evangelistas, los coros angélicos y los veinticuatro ancianos que dirigen el cántico nuevo del Apocalipsis. Toda la portada está dividida en compartimentos, en cada uno de los cuales, aparece una escena bíblica. También merece una detallada visita su claustro, empezado en 1172 y terminado en el siglo XV. Parece ser que fue en este monasterio cuando Oliba decidió edificar el de Sant Miquel de Fluviá. Seguiremos nuestro camino y tras atravesar los telúricos Pirineos, llegaremos a lo que antaño fue el maravilloso monasterio de Sant Miquel de Cuixá, y lo que queda de él aún nos habla de su poderío en otros tiempos. Debemos indicar llegados a este punto, que hace aproximadamente cien años, un millonario excéntrico y megalómano, decidió comprar parte del claustro y actualmente se encuentra repartido entre la ciudad de Toledo (Ohio) y el museo neoyorquino de The Cloisters. Cuando recorres lo que queda del claustro, acabas con la idea de que en el momento de su construcción, aquello tuvo que ser una verdadera biblioteca lítico-simbólica, pues aún pueden apreciarse todo tipo de seres fantásticos y grabados herméticos, los cuales, quizá, guardaron un mensaje actualmente perdido. Vale la pena visitar el monasterio y recorrer los restos de su claustro, visitar sus estancias e intentar por unos momentos evocar aquellos tiempos en los que el abad Oliba, vivió en él. Parece ser que en este monasterio murió Oliba, aunque hay cierta discrepancia sobre el tema, pues otros hablan del monasterio de Sant Martí del Canigó donde al parecer el abad vivió sus últimos años. Posiblemente este inmenso ley continúe hacia en interior de Francia, pero nosotros nos hemos limitado a seguirlo por tierras catalanas y a hacer, además, un sencillo y humilde homenaje al abad Oliva. Este reportaje ha sido publicado con el permiso expreso de su autor. Volver a inicio |