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JUNG: LA VIDA ES SÍMBOLO

“Cuando se desea investigar la facultad
del hombre para crear símbolos, los sueños resultan el material más
básico y accesible para este fin.”
C.G. JUNG
Aunque no seamos conscientes de ello, los
símbolos nos envuelven en nuestra vida cotidiana. Además de que son el
lenguaje onírico por excelencia, con frecuencia, recurrimos a términos
simbólicos para expresar conceptos para los que no encontramos una
definición exacta. Jung se dio cuenta de ello y formuló la famosa tesis
del inconsciente colectivo que nos ayudará a entender el simbolismo que
encierran los objetos o elementos más variopintos que nos rodean.
Por:
Clara Tahoces
A pesar de que los seres humanos
utilizamos la palabra hablada o escrita para expresar el significado de
lo que deseamos transmitir, nuestro lenguaje está repleto de símbolos,
signos o imágenes que no tienen porqué ser especialmente descriptivos.
Tal es el caso de siglas como UNICEF, OTAN u OVNI. En estos casos, las
siglas actúan como signos.
Otros ejemplos de signos los encontramos
en el mundo publicitario porque, por lo general, no somos especialmente
conscientes de que algunas marcas comerciales adquieren un significado
inteligible gracias a su uso común o a determinadas campañas
publicitarias: véase el caso de los tampax o los kleenex –son marcas
publicitarias tan extendidas que a casi nadie se le ocurre pedir al
tendero unos tampones o unos pañuelos de papel-. En estos casos, los
signos tan sólo cumplen la función de destacar los objetos o productos a
los que están vinculados. Es importante distinguir el concepto “signo”
de “símbolo” puesto que a veces se producen confusiones.
El lenguaje simbólico
Sin embargo, el lenguaje simbólico es
mucho más rico y amplio. Aunque Sigmund Freud ya había formulado
su tesis de la simbología existente en los sueños, fue un colaborador
suyo, el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung
(1875-1961), formado en las universidades de Basilea y Zurich, el que
dio vida a la tesis del inconsciente colectivo. Él mismo explicaba la
complejidad del mundo simbólico “como hay innumerables cosas más allá
del alcance del entendimiento humano, usamos constantemente términos
simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o
comprender del todo”.
Y es que no percibimos las cosas por
entero o nos cuesta comprenderlas por completo. Podemos intentar
utilizar nuestros sentidos para entender algo, pero la calidad de lo
tocado, visto, oído, gustado u olfateado depende a su vez de la calidad
y del número de nuestros sentidos, y aún así, si hacemos una pequeña
reflexión, descubriremos que existen sucesos que no han sido percibidos
conscientemente... Éstos quedan bajo el umbral de la consciencia.
La formación de los símbolos
Quizá pensemos que aquello que hemos
desterrado a simple vista, sin apercibirnos de ello carece de valor
emotivo o vital, no obstante -si es importante- a la larga surgirá del
inconsciente en forma de “reflexión tardía”. Generalmente, en formato de
sueño, que es la mayor vía de conocimiento simbólico, aunque esa
“reflexión”, casi con total seguridad aparecerá ante nosotros como una
imagen simbólica.
Jung explicaba este proceso a la
perfección cuando afirmaba que “cuando algo se evade de nuestra
consciencia no cesa de existir, como tampoco un coche que desaparece al
volver una esquina se diluye en el aire. Simplemente está fuera de
nuestra vista”.
Éste que acabamos de exponer es uno de
los motivos por el cual todas las religiones emplean un lenguaje
claramente simbólico, por no poder aclarar al cien por cien determinados
conceptos a los fieles, ya que para muchas de estas ideas no existe
explicación. Por ejemplo, la idea del Espíritu Santo no es sencilla de
comprender. Sin embargo, si se nos muestra una paloma, automáticamente
la asociaremos con ella.
Lo más habitual es que los símbolos
surjan en los sueños. Pero, si nos paramos a pensar, éstos pueden ser
encontrados por todas partes: en las nubes, en los posos de una taza de
café o té e incluso en una acción tan inocente y de moda como la
creación de un tatuaje.
Tatuajes, los símbolos de la piel
Muchos jóvenes y no tan jóvenes se tatúan
la piel sin darse cuenta de que lo que realmente hacen es crear un
símbolo en ella. Antiguamente tatuarse la piel era considerado un rito
de iniciación, especialmente en la antigua China, pero además, el
tatuaje de por sí constituía un signo inalterable de la pertenencia a un
grupo determinado; justamente lo contrario que algunos jóvenes promulgan
cuando se les pregunta el porqué de sus tatuajes. Muchas veces
argumentan que con ellos se sienten individuos “diferentes” del resto,
con una “identidad propia”. Nada más lejos de la realidad... En verdad y
sin saberlo, entran a formar parte de otro grupo. Ya que en este sentido
los tatuajes siempre se entendieron como un signo de alianza.
Si usted lleva tatuado en su piel un
animal quizá desconozca que los antiguos chinos consideraban necesario
imprimirse uno u otro animal, para poder identificarse o aprehender
“mágicamente” las virtudes o cualidades de aquél. Lo mismo ocurre con
los objetos o vegetales. Pero la cosa va un poco más lejos si explicamos
que quienes se tatuaban un animal, además de adquirir supuestamente sus
capacidades, pretendían inmunizarse “mágicamente” de todo lo negativo
que ese animal simbolizaba; tal es el caso de los escorpiones o los
reptiles.

Discrepancias entre Freud y Jung
Como hemos descrito antes, Jung fue
discípulo de Sigmund Freud, el llamado “padre del psicoanálisis”. Muchas
de las teorías de este último sobre los sueños, aunque fueron
desautorizadas desde la neurociencia en los años sesenta y setenta,
recientemente -coincidiendo con la llegada del centenario de la
aparición al mercado de su famoso y revolucionario libro La
interpretación de los sueños- han sido rehabilitadas en parte.
Sin embargo, las diferencias entre Freud
y Jung se hicieron más que evidentes con el paso del tiempo. Jung no
coincidía con algunas de las afirmaciones formuladas por su maestro. Uno
de los mayores puntos de desacuerdo estriba en que Jung no creía en la
llamada técnica de la “asociación libre” que tanto practicaba Freud,
consistente en la utilización de los sueños como punto de partida para
la exploración de los problemas de los pacientes. Jung pensaba que para
desarrollar esta técnica no era preciso partir de un sueño.
Para él, la asociación libre, tal como la
empleó Freud, resulta engañosa y lo que él quería era mantenerse “lo más
cerca posible del sueño mismo y excluir todas las ideas que no hicieran
al caso y las asociaciones que pudiera evocar”.
Por otra parte, Freud tenía una tendencia
especial en ver en casi todos los símbolos una concepción sexual, cuando
muchos de ellos no la tienen. Así lo explicaba Jung en El hombre y sus
símbolos: “Un hombre puede soñar que introduce una llave en una
cerradura, que empuña un pesado bastón, o que echa abajo una puerta con
un ariete. Cada una de esas cosas puede considerarse una alegoría
sexual. Pero el hecho de que su inconsciente haya elegido, con ese fin,
una de esas imágenes específicas –sea la llave, el bastón o el ariete-
es también de la mayor importancia. La verdadera tarea es comprender por
qué se ha preferido la llave al bastón o el bastón al ariete. Y, a
veces, esto pudiera conducir al descubrimiento de que no es, en
definitiva, el acto sexual, el que está representado en el sueño, sino
algún otro punto psicológico totalmente distinto”.
Sin embargo, a pesar de sus desacuerdos,
no hay que restar importancia a las tesis de uno u otro. Tanto ellos
como sus continuadores contribuyeron a crear las bases actuales del
psicoanálisis, nos enseñaron a darle importancia al complejo mundo de
los símbolos y nos ofrecieron una visión más completa de los mecanismos
del inconsciente que la que teníamos hasta la llegada de sus tesis.
TIPOS DE SÍMBOLOS
Dentro del lenguaje simbólico se han
definido tres tipos de símbolos.:
-
Símbolos universales: comunes a
toda la humanidad. Son elementos con los que soñamos todos
habitualmente, sea cual sea nuestro lugar de residencia, edad, cultura
o religión. Se heredan y pertenecen a lo que llamaba Jung el
“inconsciente colectivo”. Freud denominaba a estos símbolos
“remanentes arcaicos” mientras que Jung utilizaba los términos
“arquetipos” o “imágenes primordiales”. Ejemplos de esta clase de
símbolos son: Agua, aire, tierra, fuego. Los estudios comparativos
realizados en 1926 por los antropólogos Hodgson y Rose,
son más que significativos. Se dedicaron a comparar la interpretación
que hacía de los sueños Artemidoro de Éfeso –oniromante de
Marco Aurelio- con la efectuada por un remoto pueblo de
Niasalandia –actual Malawi-. Las similitudes resultaron ser
asombrosas.
-
Símbolos locales: son símbolos
que aunque sean generales, lo son mucho más dentro de una cultura o
época, mientras que en otras no poseen la misma interpretación. Por
ejemplo, los gatos o los escarabajos en la antigua civilización
egipcia, no representan lo mismo para la cultura europea.
-
Símbolos personales: son propios
e intransferibles, los vamos creando nosotros a través de nuestra
infancia, trayectoria y vivencias. Puede darse la circunstancia -y
suele ser lo habitual- de que dichos símbolos poseyeran de antemano un
significado propio, universal o local. Entonces, tienden a
entremezclarse, prevaleciendo el personal sobre el resto. Queda
patente que si durante nuestra infancia nos atacó un perro,
seguramente no tendremos la misma idea de este animal que otra persona
que nunca haya sufrido un ataque.
SÍMBOLOS COMPARADOS EN DIFERENTES
CULTURAS
-
ABEJA: la explicación para la
simbología de este animal tiene que ver con su forma de organizarse y
su laboriosidad. Por ejemplo, dentro de las comunidades monásticas se
la asocia con la vida espiritual. Sin embargo, también se ha
considerado símbolo real o imperial, en Caldea y Francia
respectivamente.En el antiguo Egipto se asimila con el alma,
precisamente porque este insecto, supuestamente, nació de las lágrimas
del enigmático Ra. No obstante, en China representa los
aspectos más beligerantes. En cambio, en la India la abeja tiene que
ver con el espíritu que se emborracha del polen; este último simboliza
el conocimiento.En cambio, en África, la visión que se tiene de este
insecto es un poco más realista, asociándosela con el propio hombre y
su forma de organización social. Para los derviches es una
representación del propio derviche, mientras que la miel es la divina
realidad que anhela, aunque lo que parece claro es que para la mayoría
de las culturas la abeja es símbolo de inmortalidad y sabiduría.
-
ARAÑA: aunque para nuestra
cultura la araña es un símbolo negativo asociado a la perversidad, en
la India adquiere el significado local del sentido cosmológico. Dicha
interpretación se basa sobre todo en que se analiza al animal y a la
posición que éste ocupa en su tela. La expansión de la tela en todo su
esplendor posee una analogía con los rayos del astro rey. Los círculos
concéntricos de su tela tienen que ver con la elaboración de los
tejidos, de las tramas. La tela que se expande y crece alejándose del
centro nos da una idea de que nos encontramos frente a una emanación
del propio Ser. En cambio en Grecia, la araña se observaba como una
burda imitación de la divinidad. Recordemos la triste historia de la
tejedora Aracne que pretendiendo rivalizar con la diosa
Atenea, fue transformada en araña para los restos.
-
BOSQUE: la imagen más pura del
bosque se asocia con un santuario natural al que se va a reposar, a
reflexionar. Este simbolismo es común en la India, Japón y China. Pero
el bosque, también puede tornarse un lugar misterioso y hostil, una
auténtica selva devoradora que nos acecha. Para los analistas
modernos, el bosque se asimila con el inconsciente y, en concreto,
para Jung, este lugar tiene que ver con el miedo que se genera por lo
que pueda aflorar del inconsciente. Sin embargo, para los antiguos
latinos y griegos los bosques eran la morada de los dioses. Por tanto,
eran respetados y en cierta forma, temidos.
-
CABALLO: la simbología del
caballo es amplia y compleja. Para muchos pueblos la idea del caballo
se asociaba con un ser tenebroso que surgía de entre las tinieblas,
era un arquetipo de muerte y al mismo tiempo de vida. Para Artemidoro
de Éfeso, un enfermo que sueña con un caballo adquiere un presagio de
fallecimiento. Tampoco podemos olvidar que Ahrimán, el diablo
del zoroastrismo, suele adoptar forma de caballo que surge para
eliminar a sus víctimas. A pesar de todo lo expuesto, el caballo
blanco, para otras culturas representa todo lo contrario. Para los
psicoanalistas, en cambio, el caballo es uno de los numerosos símbolos
del psiquismo inconsciente. En algunos otros pueblos, el caballo es un
ser surgido de las tinieblas poseedor de capacidades mágicas. Este
simbolismo se hace especialmente patente en Asia Central, donde el
caballo adquiere poderes clarividentes que pone al servicio del hombre
cuando éste es incapaz de seguir adelante.
-
COPA, CÁLIZ: la copa posee dos
simbolismos básicos. Por un lado se la asocia con la abundancia y, por
otro, con el bálsamo de la inmortalidad. El primero de los simbolismos
viene trazado por el paralelismo existente entre la copa y el seno
materno creador de la leche. El segundo, tiene su origen en el cáliz
que supuestamente custodió la sangre de Cristo, que a fin de
cuentas es el elixir de la inmortalidad. Sin embargo, para otras
culturas, la copa simboliza la unión e incluso el matrimonio.
Antiguamente, en China los esposos bebían de las dos mitades de una
calabaza para simbolizar el casamiento. En Japón, el intercambio de
las copas se hacía para reafirmar la fidelidad.
-
CUERDA: este objeto posee varios
simbolismos en función de su posición. A primera vista la cuerda
simboliza la ascensión -parecida a la escala-, pero si está anudada
habla de ligadura y de cualidades mágicas. Esta segunda visión
simbólica se encuentra con frecuencia en África, entre los brujos la
emplean como elemento de poder. No obstante, en la cultura nórdica,
muy alejada de aquel continente, la cuerda también era usada por los
brujos para “atar los vientos” y manejarlos a su antojo. En América
central la cuerda se convierte en un símbolo divino, especialmente en
la cultura maya, pues se establece una analogía entre la cuerda y la
semilla divina que cae del cielo para aportar fecundidad a la Tierra.
-
FUEGO: encierra varios aspectos
simbólicos en función a cómo se presenta ante nosotros. La doctrina
hindú nos habla de tres tipos de fuegos: El mundo terreno, el
intermedio y el celeste, que se asimilan con el fuego común, el rayo y
el Sol respectivamente. Para casi todas las culturas el fuego es
purificador. Los druidas, por ejemplo, al llegar el mes de mayo,
desarrollaban su fiesta del “fuego de Bel”. Esa noche encendían
hogueras por las que se hacía pasar a la totalidad del ganado con el
fin de preservarles de las epidemias. El fuego cobra un papel
sumamente interesante en casi todos los ritos iniciáticos, pues se le
atribuye un aspecto claramente purificador. Es uno de los grandes
símbolos universales.
-
HUEVO: es otro símbolo universal
asimilado a la Creación. En este sentido es común entre muchos
pueblos: egipcios, griegos, celtas, tibetanos, cananeos, fenicios,
chinos, hindúes, japoneses, y un largo etcétera. Simboliza el génesis,
el germen que provoca la multiciplidad. Para los antiguos chinos, el
propio caos generador de la vida que curiosamente tiene forma de
huevo. El huevo además matiza el simbolismo de la renovación constante
de la Naturaleza, del renacimiento. Ése es el sentido que encierran
los famosos huevos de pascua.
-
RAYO, RELÁMPAGO: se asocia al
fuego, aunque en este caso el simbolismo posee un carácter mucho más
voraz, inmediato y fulminante. Su llegada puede ser tanto para bien
como para mal. El relámpago, por ejemplo, se asimila con la expulsión
del esperma. Sería un acto de creación de Dios. Esta analogía con la
Divinidad también la tenemos en la propia forma de presentarse ante el
ser humano. La voz de Dios casi siempre viene acompañada de
relámpagos, truenos e incluso rayos. No en vano, Job sentenciaba que
el relámpago era el instrumento utilizado por Dios.
-
SOL: se trata de otro símbolo
universal, porque para casi todas las culturas el sol es la propia
divinidad, o una manifestación de ella. Para algunos pueblos como los
bosquimanos o los pigmeos es el Ojo Divino que todo lo ve, mientras
que para los pueblos de origen australiano, el Sol es su propio hijo.
Los rayos solares que producen calor se ven como las fuerzas celestes
que inciden sobre los humanos. Pero no olvidemos que el Sol puede
calentar en exceso, adoptando así su faceta más destructora,
especialmente generando la sequía en los campos. Sin embargo, casi
todas las culturas lo tienen como un gran corazón que late dentro de
ese gigantesco ser que es el propio universo.
Reportaje publicado
en la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA
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