Entrevista a Javier Sierra

 

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Por: Clara Tahoces

Javier Sierra es periodista y escritor. Su novela La cena secreta (Plaza & Janés) ha alcanzado un gran éxito en España y también en el extrajero y será publicada en más de 35 países (entre ellos Estados Unidos e Inglaterra). Investigador incansable de todo lo que "huele a misterio", dirigió la revista MÁS ALLÁ DE LA CIENCIA desde 1998 hasta 2005. Actualmente es consejero editorial de dicha publicación y uno de los autores más destacados del panorama nacional. La popularidad alcanzada con su última novela le ha llevado a consagrarse por completo al mundo de la literatura.

-Su última novela ha sido editada en más de 35 países. No cabe duda de que se trata de un libro “mágico”. Desde su punto de vista, ¿qué hace tan fascinante a La cena secreta?

-Si tuviera que reducir su magia a un solo factor, diría que el poder del libro reside en su capacidad para cambiar nuestra perspectiva sobre el arte. La cena secreta enseña que no hay que mirar un cuadro, sino “leerlo”. Hasta la llegada de la imprenta, las obras de arte eran auténticos libros que podían leerse a la perfección si se conocía el “abecedario” de los símbolos. Por desgracia, tras la popularización de la imprenta y la alfabetización de la población, nos olvidamos de ese lenguaje simbólico y perdimos nuestra habilidad para “leer” el arte.

-Hasta el momento pocos autores españoles habían destacado en el panorama literario internacional. No sé si es consciente de que con La cena secreta ha abierto un nuevo camino para los novelistas españoles...

-¡Claro que lo soy! No obstante, el camino se ha ido abriendo poco a poco en estos últimos años. Primero fue Arturo Pérez-Reverte, luego asomó Carlos Ruiz Zafón, y ahora me llegó el turno a mí. En mi caso, creo que además de abrir camino a otros autores españoles, allano el sendero a otras novelas que aborden enigmas históricos europeos y aproximen los misterios de nuestra civilización a otros países y mentalidades.

Le pongo un ejemplo: La cena secreta narra la historia de un inquisidor italiano, dominico, que se enfrenta a un dilema teológico al contemplar La Última Cena de Leonardo. Para un protestante, esa clase de problemas eran casi incomprensibles. Ellos contemplan a los católicos con condescendencia, creyéndonos más supersticiosos o primitivos. Mi novela les ha enseñado los porqués de esa mentalidad, llevándolos al corazón de la Italia católica del Quatrocentto.

-Me consta que la idea de la elaboración de su última novela es muy anterior a la aparición de El código Da Vinci . ¿Cuánto tiempo le llevó escribirla? ¿Le molesta que le comparen con Dan Brown?

-Tardé alrededor de tres años en documentar mi novela, y un poco más en “descifrar” sus secretos. Fue una experiencia muy intensa, que a punto estuvo de obligarme a tirar el manuscrito. Acceder a una mente tan genial, burlona y retorcida como la de Leonardo me llevó tiempo y viajes, pero al final mereció la pena.

En cuanto a Dan Brown, le diré que disfruté leyendo El código Da Vinci, y aunque su desenlace me dejó insatisfecho, creo que la novela rebosa adrenalina y emoción. Ahora bien, La cena secreta es una obra muy distinta. Comparte intriga y emociones, pero es más preciosista, cuida más el detalle histórico y te conduce a una conclusión cerrada. Aun hoy me sorprende que nos comparen… ¡si El código Da Vinci apenas dedica unas páginas a La Última Cena!

-Su trayectoria profesional es muy curiosa: ha sido un niño precoz en muchas facetas (publicaba artículos casi antes de haber abandonado el chupete) y, en mi opinión, ha sido también una persona bastante adelantada a su tiempo, aunque no sé si eso le trajo algún problema... ¿En qué momento supo que su vida estaría ligada al misterio?

-Desde el principio. Cuando tenía diez años y empezaba a escribir cuentos, estos ya incluían historias de fantasmas o de cruzados. Sentía fascinación por todo ello y nunca pude arrinconarlo. Lo intenté, sobre todo cuando decidí estudiar periodismo en la universidad, pero en aquellas fechas (1989) los periódicos publicaban a diario noticias de OVNIs y misteriosas apariciones… y mi curiosidad volvió a dominarme. En parte soy un fruto de las circunstancias, y la consecuencia de una vocación precoz.

-Muchos escritores españoles han seguido la estela de El código Da Vinci y de La cena secreta. Algunos de ellos jamás se habían sentido interesados por los enigmas históricos y, de repente, han irrumpido en el panorama literario español con novelas en cuyos títulos aparecen palabras como: misterio, secreto, oculto, enigma... ¿Qué cree que ha ocurrido? ¿Son los editores los que dirigen a los autores o, de verdad, se ha producido un cambio en la mentalidad de la gente?

-Hay de todo. No obstante, la abundancia no es mala. Yo comparo este fenómeno con la siembra: no todas las semillas que echas a tierra germinan. Con estos libros sucede lo mismo. Se publican decenas, pero sólo unos pocos logran captar la atención del lector, que sabe discernir un buen libro de aquel que no lo es. En cuanto a los editores, si realmente pusieran más atención al contenido de los libros que a sus títulos o a sus llamativas portadas, acertarían más en sus apuestas. Aunque, en lo que a mí respecta, adoro entrar en una librería y verla rebosar de misterios… unos más genuinos que otros, claro.

-¿Cómo afronta la creación de una novela? ¿Nos puede desvelar, por ejemplo, cómo surgió la idea de desarrollar una trama en torno a una obra como La Última Cena de Leonardo?

-Tras mi experiencia con El secreto egipcio de Napoleón (luego hablaremos de eso), tenía curiosidad por descubrir cuán influyente había sido la civilización egipcia en la mentalidad de Occidente. Descubrí que a mediados del siglo XV, Cósimo el Viejo, señor de Florencia, ordenó a su sabio personal Marsilio Ficino que interrumpiera la traducción de las obras completas de Platón al latín para que tradujera el Corpus Herméticum . Eran una serie de tratados mágicos procedentes del Antiguo Egipto que, al publicarse, encendieron la imaginación de artistas como Botticelli… o Leonardo. Ahí empezó mi búsqueda. Y fue en esas como terminé delante de La Última Cena , en Milán, y cayendo rendido a sus pies.

En realidad, todas mis novelas se inician así: una me lleva a la otra siguiendo hilos sutiles, casi invisibles, pero de una fortaleza arrebatadora.

-En El secreto egipcio de Napoleón (DeBolsillo) crea un singular argumento partiendo de un hecho anecdótico (que tan sólo ocuparía un par de líneas en los libros de Historia): la noche que Napoleón Bonaparte pasó en la Gran Pirámide... ¿Cómo sabe uno que ha encontrado un buen tema y cómo se rellenan las lagunas históricas cuando no existe documentación suficiente?

-Investigando. Cuando tiras de un hilo sabes enseguida si hay carrete detrás o no. En el caso de la “noche egipcia” de Napoleón, pronto descubrí que el joven general Bonaparte era un ferviente admirador de Julio César y Alejandro, dos militares que, curiosamente, también se decía que habían pernoctado en la Gran Pirámide. Supe entonces que eso no era casual, y decidí llevar mi investigación hasta sus últimas consecuencias…

- La dama azul (MR) también va a ser editada en Estados Unidos. ¿Cómo cree que reaccionará el lector estadounidense cuando lea las andanzas extrasensoriales de una monjita española en tierras americanas?

-Se sorprenderán, ¡vaya que sí! La historia de La Dama Azul es más suya que nuestra. No en vano, el Memorial de Benavides (1630) que recogió por primera vez las misteriosas conversiones de indios en el suroeste americano es el primer documento escrito de la historia de Nuevo México. Se estudia en todas sus universidades. Aunque, claro, no abundan demasiado en la idea de que esas conversiones masivas (más de 80.000 almas en pocas semanas) se debieron a la intervención de una misteriosa “dama azul” que más tarde identificarían con una monja de clausura soriana llamada María Jesús de Ágreda (1602-1665).

-¿Qué diferencias existen entre los lectores españoles y los estadounidenses?

-Ninguna. Todos queremos buenos libros que leer. Que nos entretengan pero que a la vez transmitan ese “algo más”, esa chispa que los hace inolvidables.

-¿Cuáles son las cualidades que debería tener un buen escritor?

-¡Uf! Cada escritor es y tiene su mundo. No creo que exista un “abc” del buen escritor. Borges y Dan Brown son muy diferentes, pero ambos, en sus respectivos estilos, son buenos y envuelven al lector en sus madejas literarias.

-¿Qué libros han influido en su trayectoria profesional?

-Hay muchos. Desde La isla del tesoro de Stevenson, a El Ocho de Neville, El Club Dumas de Pérez Reverte o Caballo de Troya de Benítez. Soy un hijo literario de los ochenta, que también siente admiración por Julio Verne y Umberto Eco.

-¿Qué ingredientes debería contener una novela para convertirse en un best seller?

-Ser creíble.

-¿Se siente presionado de cara a afrontar la elaboración de su próxima novela?

-La verdad es que no. El éxito me ha dado sensación de libertad, no presión. Y me ha enseñado mucho sobre qué caminos transitar y qué senderos dejar para más adelante.

-Ya sé que no le gusta mucho hablar de ello, pero ¿puede adelantarnos algo sobre su próximo proyecto literario?

-Sólo una palabra: Jerusalén. Y muchas dudas.

 

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La cena secreta, una novela que ha cautivado a miles de lectores en todo el mundo.

Plaza & Janés.

 

Portada de The Secret Supper. Así es cómo los lectores estadounidenses conocerán La cena secreta.

Visita la web oficial de The Secret Supper

Portada de La dama azul, obra que también será publicada en Estados Unidos.

Ediciones Martínez Roca.

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