LEYENDAS

 

 

Por: Estrella Seoane

 

Hoy no he ido a trabajar, pero no me di cuenta enseguida, sino cuando no llegué. El coche lo conducía yo, como cada mañana, pero no era el yo de siempre sino otro y aquel otro me llevó al ayer.

Desperté al abrazo de la noche envuelta en muselina y crujir de grava. Un sendero y al final una casa. Ventanas divididas en cuarterones de cristal, postigos azules: es la casa de la abuela. Introduzco una llave a la que le cuesta girar, la saco y huelo el óxido. Vuelvo a intentarlo, la giro esta vez con un golpe seco, la puerta chirría, se queja, finalmente cede. Entro en un comedor oscuro, hace frío, los muebles están cubiertos con sábanas. Mis fantasmas del ayer, problemas de hoy, angustias del ahora. Enciendo la chimenea. Todo huele a humedad, polvo y tiempo. Destapo un sofá me estiro, intento dormir, no puedo. Soy incapaz de conciliar el sueño. Entro en la cocina, busco sin buscar y encuentro un bote con té. Envuelta en un chal y con la taza caliente entre las manos miro a través de los cristales de la ventana. Fuera hay luna llena y nubes, una de ellas parece unos largos dedos que intentara secuestrarla y movido por el viento llega al rescate un caballo, minutos después una mano invisible le pone un sombrero.

En mis labios el esbozo de una sonrisa... pese a todos mis problemas de adulta seguía queriendo creer en las historias que me contaron de niña. Leyendas surgidas de una boca que se hizo voz, que pasó a otra boca y a otra voz... Y cada voz fue un mago que transformó paisajes, los coloreó a su gusto y los explicó como nuevos a otra voz.

Y entre esas historias, La Leyenda del Relm, mi preferida. Magistralmente narrada por mi abuela, con todas sus pausas, tensiones, y su final lleno de misterio:

 

“Si en las noches de luna llena oyerais vibrar

los cristales de las ventanas. No creáis que es el viento.

Es el Relm que tocado con un ancho sombrero de fieltro,

Cabalga sobre un corcel negro.

No os asustéis. No tengáis miedo,

Pues buenos augurios reparte a todo aquel que despierto

Sea capaz de escucharlo conteniendo el aliento.”

 

Mis labios dibujan una amplia sonrisa, ¡qué fácil creer cuando eres niña! Pero, ¿y si fuera cierta la leyenda? ¿transformaría tristeza y problemas por felicidad y alegría?

Dejo la taza en la mesa. Vuelvo a la ventana. El vapor condensado es ahora pintura , los cristales un lienzo y mis dedos improvisados pinceles que dibujan una sonrisa, y otra, y otra más...Y entonces... doy un paso hacia atrás...mi corazón palpita con fuerza. Me acerco, nerviosa dibujo de nuevo...y siento el silencioso vibrar de los cristales dormidos. Fuera luna llena. Contengo el aliento.

 

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